Son las primeras horas de la mañana cuando un timbre empieza a sonar con gran firmeza. Un hombre vestido de rojo cuelga el teléfono, se levanta de su silla ubicada en un pequeño cuarto donde se encuentra la radio de comunicación. De un solo golpe de garganta grita con todas sus fuerzas: ¡emergenciaaaaa...! El panorama aparentemente tranquilo de la mañana se rompe por completo y todos se comienzan a mover con rapidez. El conductor de la autobomba prende el vehículo y la sirena que anuncia un incendio.
En menos de 30 segundos nueve hombres y mujeres se colocan sus cascos, guantes y gruesas chaquetas azules y amarillas, mientras se aferran a un tubo en la parte posterior del enorme carro que ya esta en marcha y recorre las calles a gran velocidad.
Una camioneta de apoyo también prende su sirena y sigue de cerca a la autobomba que abre camino entre los vehículos que ceden el paso a los hombres y mujeres de la “casaca roja”, a los integrantes del Cuerpo de Bomberos de Riobamba.
Desde el Barrio Santa Rosa partió el gran automóvil de los bomberos que en menos de dos minutos llega a las calles Boyacá y Rocafuerte, donde inmediatamente se planta la escalera sobre el camión rojo y comienzan su labor.
El pitonero, que es el hombre que maneja la manguera, sube los escalones con decisión y rapidez mientras un compañero le sigue de cerca. Abajo una de las bomberas sostiene la escalera, mientras otra inicia el ascenso hacia lo desconocido. Otro ayuda con la línea o manguera, mientras su compañero maneja la autobomba y un suboficial supervisa el trabajo y anima a los bomberos.
Todos conocen su función, no hay tiempo para el error, para el temor o para la duda. En pocos minutos apagan una fogata encendida con basura en la terraza de un edificio de tres plantas y que podía propagarse a casas vecinas...el fuego es vencido y los bomberos ganan la batalla antes de que llegue al lugar la asustada dueña del inmueble.
Así los bomberos atienden una nueva llamada de auxilio en la que todos salen ilesos y sin perdidas materiales. “Es cuestión de perder el miedo”, me explica Isabel Romero una de las bomberas que participo de las labores; mientras otra, Patricia García, toma datos de la casa y sus propietarios.
De regreso al destacamento el Crnl. Roberto Sánchez, Jefe del Cuerpo de Bomberos de Riobamba, explica que la situación que viven ahora es muy diferente a la de hace cuatro años en la que estuvieron a punto de desaparecer por falta de presupuesto económico.
La falta de dinero hizo pensar incluso en pasar a manos de los municipios o consejos provinciales, sin embargo, una reforma permitió guardar la independencia de los 240 cuerpos de bomberos del país.
Sobre el pasado Roberto Sánchez quisiera borrar dolorosos recuerdos en los que las necesidades y la falta de dinero eran el pan amargo del día.
Un cambio en el tono de su voz revive el pasado y los momentos en los que no tenían combustible para sus unidades y dinero para los sueldos del personal.
Pero también recuerda a muchas empresas y personas que aportaron para que el Cuerpo de Bomberos de Riobamba siga funcionando: Mendogas, el Patronato San Pedro de Riobamba, el Sindicato de Choferes, Mario Nivelo, entre otros.
Quiénes son los bomberos
“Para ser bombero se debe tener mística de entrega y servicio social”, explica Roberto Sánchez quien no oculta su lado humano y responde con lágrimas en los ojos a la pregunta.
Su rostro mira fijamente al vacío recordando a su familia y su labor como bombero: “uno sale de la casa dando la bendición a los hijos pero no sabemos si regresaremos al día siguiente. No todas las emergencias son iguales y tenemos gente que ha fallecido en el cumplimiento del deber”.
Se repone de ese sentimiento que convoca al llanto y que debe sentir un bombero cuando abandona el hogar para acudir a los turnos que duran 24 horas y en los que nunca saben que tipo de emergencias van a atender.
“Me encanta salvar vidas”, dice Sánchez al tiempo que ilumina su rostro un recuerdo, el de Nicole, la niña que salvó en el año de 1998 y que la sacó de una casa en llamas en la ciudadela Liberación Popular que esta ubicada frente a
Comienza a recordar: “era un domingo a la una y media de la madrugada, yo trabajaba como personal de tropa operando la unidad. Llamaron a un incendio en el que toda la casa estaba en llamas y la gente decía que había personas en el interior”.
“Lo único que hice fue lanzarme contra una puerta de aluminio y romperla. Comencé a arrastrarme por el interior. Busqué en un cuarto y no hallé nada...me ahogaba. Salí por unos segundos para tomar aire y volví a ingresar. Encontré a una niña totalmente fría, la tome despacio, la arrastre, la abrace y luego la saque en mis brazos”.
Roberto Sánchez parece vivir el momento como si se hubiera desarrollado ese mismo día. Continúa recordando con emoción: “afuera el suboficial Guamán que estaba a cargo del operativo y el sargento Cargua me dijeron que le de los primeros auxilios y respiración”.
“La coloque en una parte con césped en el patio de la casa. En el primer intento no pude hacer nada, en un segundo intento igual”, indica.
Los ojos del bombero vuelven a humedecerse. Guarda silencio unos segundos y reanuda su relato: “En ese momento dije ¡Dios no me abandones!. Lo primero que hice fue encomendarle a él. En el tercer intento abrí mi boca, tomé la boca y nariz de la niña... comenzó a nausear. Le di la vuelta y comenzó a respirar. Salve una vida...Esa niña se llama Nicole Vera y ahora tiene ocho años y vive en Santo Domingo de los Colorados”.
En ese momento los ojos siguen húmedos pero dibuja una sonrisa al recordar que esa es la labor de un bombero. Cuenta además que muchas veces la niña llama por teléfono para saludarlo.
Así es el bombero un día puede estar salvando vidas y al otro buscando cadáveres en un río o atendiendo emergencias con la ambulancia y transportando gente apuñalada, atropellada o que es víctima de un accidente de tránsito.
Mejores instalaciones
Recorremos ahora las instalaciones del destacamento en donde hay gente trabajando en la remodelación y el olor a pintura fresca inunda algunas de las locaciones.
Sobre una de las camas un bombero se coloca las botas para el cambio de guardia, mientras en su grabadora suenan los acordes del Bolero del Bombero.
“Y si algún día un bombero se muriera/ ten por seguro que él no ha muerto en vano/ si él se ha ido es para nunca mas volver/ si él se ha ido es cumpliendo su deber”, canta la voz de Aurel Acosta, un bombero del Tena que ha creado una de las canciones preferidas por los hombres de la casaca roja.
Mientras bajamos las gradas abandonando el dormitorio, se sigue escuchando los acordes de esa canción mientras, otro grupo de bomberos alista cuerdas y mosquetones para realizar descensos en la torre de entrenamiento.
Todos vuelven a sus labores en la central telefónica, los automóviles o la torre de entrenamiento, en espera del siguiente estridente sonido del timbre y de la voz que convoque a una nueva emergencia en algún lugar de la ciudad.
Nota de redacción: El texto fue realizado hace algún tiempo, pero lo colocamos por celebrarse el Día del Bombero Ecuatoriano.





Yo de niño quería ser policia, luego quise ser bombero... ahora quiero ser candidato a diputado... emm sileíste bien... risa sarcastica¡
saludos estimado